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| EL FESTIVAL ORTIGUEIRA COMIENZA HOY APOSTANDO POR EL MESTIZAJE |
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El festival internacional de música celta combina grandes clásicos, como Gwendal o los gallegos Berrogüetto, con la presencia del productor Javier Limón. Dirigirá un macroespectáculo de cuatro horas en el que integrará folk, flamenco y jazz. Este año el festival amplia su duración a 4 dias.
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Ya está aquí el Festival de Ortigueira, que arranca esta tarde con la aspiración de superar la afluencia de 100.000 personas durante estos cuatro días de conciertos y actividades lúdicas. La edición de este año es quizás una de las más arriesgadas, con una apuesta decidida por la fusión, por seguir con un ojo hacia la cuna de las regiones celtas y con otro al Mediterráneo.
Si bien el año pasado la organización ya comenzó a andar este camino, en esta ocasión se acentúa esa apertura de miras con la presencia del productor Javier Limón, convertido en Rey Midas de la escena musical española tras colaborar con Paco de Lucía, Andrés Calamaro, Bebo Valdés y Diego El Cigala. Su presencia choca en un festival en el que el público parece poseer más prejuicios que la propia organización, como demostraron en la edición anterior ante la frialdad de Radio Tarifa. No encajaba.
Limón dirigirá el espectáculo Galicia & outras músicas, una especie de reinvención de la música tradicional gallega a través de músicos como los pianistas de jazz Jerry González, que actuará con el gaiteiro Xosé Manuel Budiño, y José Reinoso, que acompañará a Uxía, Buika y La Negra. A ellas se unirá también el Niño Josele.
Durante cuatro horas de macroconcierto irán dando paso a músicos venidos de todos los rincones del mundo, como el grupo de batucada Hip Hop Roots, creado por el mediático Carlinhos Brown, que acompañarán a las pandereteiras Leilía. De esta forma, Ortigueira reivindica la música como espacio de unión y recuerda el valor del mestizaje.
A pesar de que la atención recae en esta propuesta, la dirección del certamen reserva varios huecos para clásicos de este estilo de música, gracias sobre todo a que la duración de cuatro días se consolida finalmente.
El sábado será el turno de los estadounidenses Solas, que goza de enorme prestigio en el círculo de la música celta por constituir el referente, el faro, de este estilo en territorio yanqui. La banda de Seamus Eagan actualiza la música tradicional irlandesa. En Ortigueira presentarán un disco que supone el balance de una década de trabajo.
Cerrarán el sábado el grupo Xochimilca por haber ganado el premio del público en el escenario Runas 05, que da derecho a subirse al escenario principal. Fue el primer grupo gallego en ganar el prestigioso concurso Le Terroir de Lorient y se dio a conocer tras ganar el concurso de maquetas de Radio Obradoiro, del GRUPO CORREO GALLEGO.
Los gallegos Berrogüetto, que estrenan disco, serán un reclamo el domingo, sobre todo teniendo en cuenta la excelente acogida que lle depara el público a las formaciones nacionales. Sin embargo, son los ya legendarios Gwendal los que acapararán mayor protagonismo durante el cierre de esta edición.
Para abrir boca, esta noche actúan Nova Galega de Danza y varias bandas de gaitas.
La organización es optimista y espera alcanzar de nuevo la visita de 100.000 personas durante los cuatro días de duración del festival, cifra ya mítica desde que el alcalde Antonio Campo la mencionase hace un par de años.
Más allá de esta cantidad, lo cierto es que Ortigueira se transformará y pasará de los pocos miles de personas que de forma habitual residen en este córner atlántico a albergar una marea de gente que inundará de cánticos, gaitas y tribus urbanas la zona de acampada.
Ésa, de nuevo, estará situada en la cercana playa de Morouzos, una de las más bonitas de la comarca de Ferrolterra, y con un pinar en el que las tiendas de campaña desbordarán sus lindes y se acomodarán donde puedan.
En este terreno, la organización maneja también cifras similares a las de las últimas ediciones. En torno a 40.000 almas pasarán cuatro días de fiesta y muchos de ellos ni siquiera se acercarán al pueblo para ver los conciertos. Ésta es una de las consecuencias de la magnitud de Ortigueira, en el que ya conviven dos certámenes: uno se desarrolla en un escenario y respira música; otro apenas abandona Morouzos para abastecerse de nuevo de provisiones.
Curiosamente, en esa zona conviven no sólo tribus urbanas, sino diferentes músicas, como si éstas quedasen acotadas a un espacio de Morouzos: el tecno, las gaitas, el rock de Barricada o la rumba catalana de Estopa. Aquí también triunfa el mestizaje .
Fuente: Elcorreogallego.es
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