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| AGUAVIVAFEST, DOS DÍAS DE ÉXITO DE PÚBLICO |
Guitarristas de altura, rock de la vieja y nueva escuela, fusión de jazz, flamenco y funk, reggae, hip hop... una verdadera ensalada musical que fue digerida con gusto por un público con más ánimo de escuchar que de saltar, y liberado por fin del sofoco del primer día con una noche espléndida en el sur chicharrero.
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Guitarristas de altura, rock de la vieja y nueva escuela, fusión de jazz, flamenco y funk, reggae, hip hop... una verdadera ensalada musical que fue digerida con gusto por un público con más ánimo de escuchar que de saltar, y liberado por fin del sofoco del primer día con una noche espléndida en el sur chicharrero.
Si el primer día de festival la tónica fue la fiesta y los ritmos latinos, la segunda jornada y clausura del Aguavivafest, en la playa de Los Cristianos, en Tenerife, estuvo marcada por propuestas mucho más eclécticas y dispares, cuya calidad musical dejó absorto a un público que no empezó a espabilar hasta los bises de los hermanos Auserón y el siempre efectivo directo de Macaco.
La noche comenzó con una tímida entrada, al son veraniego del reggae de Africuya, apuesta canaria de marginal y arriesgado proyecto musical. A pesar de las buenas maneras, el desparpajo y la alegría en el escenario, Africuya no pudo levantar al todavía escaso público, pero fue desgranando con soltura y definición los temas incluidos en sus dos discos de estudio publicados, Africuya (1999) y Movida Rastaman (2000), salpicando el repertorio de buenas versiones de grandes del reggae, en las que no pudo faltar su mesías, Bob Marley.
El directo de Mojo Project fue, cuanto menos, insólito. Primero, por ver la soltura con la que una banda eminentemente de recintos cerrados se desenvolvía al aire libre, segundo por la calidad que se desprende de los dedos de esos cuatro pedazos de virtuosos músicos españoles (¿se puede apostar por quién es mejor en su instrumento?), y tercero, y por ello más importante, por África Gallego, culpable de que aún el que escribe tenga los vellos del cuerpo erizados. Mojo se mueve del funky más bailable de Jamiroquai, al jazz más moderno de Pat Metheny y el flamenqueo de Ojos de Brujo sin despeinarse, con la maestría de quien se sabe músico y no artista del espectáculo, con el sello personal que aportan las bases de house de los platos del deejay lanzaroteño Alejandro Costa.
Además de la factura impecable de su sonido, capítulo aparte merece la poderosa y versátil voz de África, quien puede convertirse cual trasformista en diva funky o en la gitana con más poderío de Málaga, y sólo estar seguro de que es la misma cantante porque lleva la misma ropa. Imposible determinar en qué registro se mueve mejor, y teniendo en cuenta la dificultad que ambos entrañan en directo, África (y por extensión la banda) se erige como una gran solista sobre las tablas a la que sólo le falta un público ya conocedor de su discografía que les arrope. Si aún no han probado este Mojo, vayan corriendo a la tienda de discos y saboreen Taste the Mojo (2004), sabor sólido y, sobre todo, que no se repite.
Bastante hicieron esperar los hermanos Auserón por su puesta en escena, consiguiendo la expectación necesaria para abordar su arriesgada propuesta musical: una suerte de remake en español de lo más granado del rock & roll de los últimos 50 años. Si bien se ve en la idea de Luis Auserón una clara apuesta por acercar al público castellano canciones que podrían considerarse versículos del libro sagrado del rock, tal altura de miras no parece, en ocasiones, aguantar las turbulencias.
Aunque pueda parecer que con un repertorio en el que figuran himnos como Love in vain de Robert Johnson, Summertime Blues de Eddie Cohran o el Hard to Handle de Otis Redding, está todo resuelto, la realidad es que supone todo lo contrario, y los artistas tienen que dar todo lo que puedan para evitar hacer de las versiones un mero karaoke. No fue así, pero lejos de aportar algo sobre estos estándares del rock, Las Malas Lenguas no llegaron a convencer, en parte por culpa de unas traducciones bastante discutibles y también por la voz demasiado plana para tanta variedad temática del chulesco Santiago Auserón.
Eso sí, sobre el escenario no habían unos músicos cualquiera, sino un pedazo de la historia del rock español y un guitarrista, Norberto Rodríguez, que nada tuvo que envidiar al virtuoso Richie Kotzen. La magia que sólo unos músicos tan experimentados pueden atesorar, salió en forma de sonido con las acertadas versiones de Come together de los Beatles, Street Fightin´Man de los Stones o la esperadísima y redonda Escuela de Calor, de las pocas canciones de Radio Futura que se pudieron escuchar y sólo en los bises.
Y del Rock & Roll más clásico se saltó, con el guitarrista americano Richie Kotzen, al rock más duro, en la estela de los primeros Aerosmith, aunque su voz, tan parecida a la de Cris Cornell, hizo que los temas más elaborados de su repertorio se pareciesen a ratos a Soundgarden. Kotzen puede ser definido, tras ser vista su actuación, como animal de carretera. No es de extrañar cuando se sabe que a los diecisiete años ya se había pateado toda la geografía americana con su guitarra a cuestas.
Soltura, precisión, virtuosismo, clase... ¿qué decir de la actuación de una persona que toca la guitarra con la facilidad con la que usted y yo nos rascamos la cabeza? Quizás sólo que esa facilidad y seguridad con la que impresionó a su público se notó demasiado, haciéndonos intuir que Richie pudo haber dado más.
Mucho más cuando en los más de veinte discos que ya tiene publicados existen joyas que aúnan el virtuosismo más asombroso con la punzada que produce una melodía de notas justas pero acertadas. Pero esta noche Richie no quería fallar, y dio al público lo que había venido a ver: cómo sus dedos se multiplican por dos a la velocidad con la que viajan por el mástil de su Fender Telecaster de diseño.
El mayor éxito sin duda lo obtuvo los ya asiduos a estas tierras Macaco, levantando al público del suelo, a golpe de fusión de estilos con el toque ragga tan clásico de su líder, Dani Carbonell. Como siempre, un repertorio muy parecido al que suelen desplegar cuando actúan en las Islas (si ya se sabe que funciona, ¿para qué cambiarlo?) repartiendo casi al cincuenta por ciento temas de su último disco Entre raíces y antenas y del resto de su discografía.
Dani El mono loco y el MC Locura Rey Ul no dejaron descansar a una gente con ganas ya de darlo todo y no defraudaron. Saltaron como locos con los temas más ska, se marcaron unos pasitos de baile con lo más latino y se danzó con parsimonia y alegría con lo más reggae. Macaco demostraron, como siempre, que no está reñido hacer música fresca, nueva y de calidad divirtiendo y divirtiéndose.
Al final, gran decepción porque el público, en pleno éxtasis y ganas de cachondeo, tuvo que ver como Dani pedía disculpas por no poder seguir con la fiesta, dándose cuenta de que les había sabido a poco. Pero a las cinco había que cerrar el chiringuito, y hasta el próximo verano.
En resumen, una segunda jornada que vino a confirmar lo acertadísimo del cartel, con músicos de altura y bandas que hicieron de la Explanada del Polideportivo de Los Cristianos una auténtica fiesta en dos días interminables de conciertos, risas y diversión.
Fuente: canariasahora.com
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