A estas alturas, elbicho no necesita prácticamente presentación. Con dos magníficos elepés a sus espaldas, cientos de recitales en loor de multitudes (a cada cual mejor, a cada cual distinto) realizados a lo largo y ancho de la geografía española y países de nuestro entorno y seis intensos años de carrera en su haber, la banda liderada por Miguel Campello, está pavimentando su particular escalera al cielo, está gestando su propia y definitoria autovía a las estrellas como la gran banda del presente (y del futuro) de ese hermoso cajón de sastre que es la fusión entre Iberia y el Mediterráneo.
Con los tiempos que corren, nada propicios para la libre creación y las apuestas arriesgadas en una industria en franca recesión, elbicho da un paso más, suben un escalón en pos de arte de verdad, a favor de los ritmos que salen del corazón pero también de las vísceras. Ellos comenzaron tocando en la calle y ahora nos deleitan con un tercer disco que explora en las esencias que les han hecho célebres: bohemia arrebatada y psicodelia a flor de piel, quejío flamenco y autenticidad que rompe con las normas establecidas, que se sale de los raíles en el tren de la locura, que tritura el hit-single, impuesto como una insufrible condena a cadena perpetua en la música popular de nuestro tiempo.
Apuntes para oyentes no iniciados
Miguel Campello es el gran timonel de un conjunto de excelentes músicos, amamantados en la Escuela Popular de Música, con una propuesta artística realmente sugestiva e innovadora entre manos: fusión de flamenco errante y rock progresivo en la más acrisolada tradición de Yes o King Crimson. Si hace tres décadas, los míticos Triana despuntaban hacia las estrellas, bautizando el movimiento que luego vino a llamarse rock andaluz, con aquellas maravillosas atmósferas de rock sinfónico y canciones del sur, elbicho -como nietos aventajados- perpetuan ese arte con la frescura de quien encuentra sin haber buscado.
De esta manera, ‘Miguelito’ se alza como un híbrido entre Camarón y Robe Iniesta de Extremoduro, con arranques geniales de puro nervio. Es el duende de un animal escénico, siempre en estado de gracia, paladín de una orquesta de músicos callejeros de grandísimo nivel: Victor Iniesta a la guitarra, Carlos Tato al bajo, Toni Mangas a la batería, David Cobo a la percusión, Juan Carlos Aracil a la flauta y Pepe Andreu a la trompeta, a los que se suma el reciente y flamante fichaje de Mario Díaz a los teclados, Hammond y sintetizadores.
VII, número mágico por muchas razones
Para los aficionados a las matemáticas y a las cábalas, para astrólogos y estudiosos de diverso pelaje el VII es un número mágico por diversas razones. Siete días de la semana, siete notas musicales, siete pecados capitales, siete colores del arco iris, siete cuerpos celestes que dan nombre a nuestros días. El VII es el resultado de la suma entre III (lo celeste) y IV (lo terrenal), un número perfecto que simboliza la relación entre lo humano y lo divino.
Como equilibristas y amantes del triple salto mortal, elbicho desea recuperar el espíritu de aquellos vinilos y aquellas portadas que nos cautivaron hace tres décadas. Como las míticas cubiertas de Jethro Tull, “Thick as a brick”, convertida en un periódico desplegable, o Alice Cooper, “Billion Dollar Babies”, una billetera con piel de serpiente, y especialmente “Led Zeppelin III” y “Physical Graffiti”, con sus capas y troqueles, arte que invocan en un sugerente digipack, en edición de lujo, que proyecta la filosofía del grupo.
Rejas desconcertantes que quieren impedir el paso de los sueños. Liberar la mente, el cuerpo, dar salida a los proyectos, latir al ritmo que marcan los compases del atrevimiento. Replantearse continuamente la realidad, no dar nada por sentado. Forma parte de la búsqueda y experimentación propia de los niños, que todo lo hacen suyo y sin querer nos descubren que hay otras formas de ver las cosas, que aún hay mucho camino por explorar al contrario de lo que la industria da a entender, que no esta todo exprimido ya hasta la saciedad. La música es un ser vivo, dinámico, que no puede ser enjaulado por las modas y caprichos al uso. Las ruinas, la celda, la condena, el ladrillo que nos aprisiona. Una escapada al final del camino.
El bicho presenta su rutilante tercera entrega titulado “VII”. Como ellos mismos afirman, ante la crisis: calidad. No hay mejor receta para vencer este tiempo de incertidumbres, que pese a todo, ofrece un mar de posibilidades. En definitiva, y como sentenciaron nuestros mayores, la imaginación al poder.
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